LITERATURA VIRREINAL

 

BARROCO

Tradicionalmente se denomina  "Barroco" al período de transcurre desde el siglo XVII al XVIII. La especial actitud estilista que caracteriza al periodo barroco es que alcanzó su momento de madures en Italia hacia 1630 y se desarrolló en los cuarenta años siguientes.  A partir de ese momento se difundió por todas las naciones de Europa y que al mismo tiempo impregnó todas las manifestaciones culturales y artísticas europeas y se extendió también a los países hispanoamericanos. La palabra barroco tuvo originalmente un sentido peyorativo, ligado con la extravagancia y la exageración, que aún se mantiene en ciertos tópicos del lenguaje no especializado. Se dice que el término deriva del portugués barroco (castellano barrueco), que significa ‘perla irregular'.

La burguesía de la época, que había logrado obtener un papel muy notable, utilizó el Barroco para expresar sus ideas y trascender más allá de su época. El barroco expresa la conciencia de una crisis, visible en los agudos contrastes sociales, el hambre, la guerra, la miseria.

La retórica barroca puede sintetizarse en la coexistencia de dos corrientes: el conceptismo y el culteranismo. Aunque generalmente suele afirmarse que se trata de dos estilos opuestos, lo cierto es que los dos buscan la complicación formal. El culteranismo intensifica los elementos sensoriales preocupado por el preciosismo y la artificiosidad formal a través de la metáfora, la adjetivación, el hipérbaton forzado o los efectos rítmicos y musicales del lenguaje; a esta tendencia pertenecen Luis de Góngora.

LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE

 (1561-1627)

Poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores. Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.

El siguiente poema de Luís de Góngora desarrolla el símil entre la cetrería y la relación amorosa, comparando al halcón que come el corazón "de una simple corderilla" con la actitud del amante que la ha dejado:

"LA CAZADORA Y EL HALCÓN"

De Luís de Góngora y Argote

Una bella cazadora

cebando estaba un halcón,

cuyo dueño fugitivo

tal oficio le dejó.

De una simple corderilla

le está dando el corazón

y, componiendo las alas,

que mudaba a la sazón,

«¡Cómo te pareces», dice,

«a aquel falso que huyó,

en el comer corazones

y en mudar la fe y amor!

Come de este corazón;

pues el que se fué,

te dejó su condición.

Si tu dueño se te ha ido

y el corazón me robó,

porque tú no le parezcas,

mi corazón no te doy.

Porque tú, por imitalle,

serás segundo ladrón,

y sin corazón o alma,

triste, ¡cuál quedara yo!»

Por consolarse con él

en la mano le tomó,

y regalándole el pico,

le repite esta canción:

«Come de este corazón;

pues el que se fué,

te dejó su condición.

Préstame, amigo, tus alas

para alcanzar al traidor,

tu pico para prenderlo,

tus uñas para prisión.

A pie lleva un escudero

con mis armas y blasón;

que el tiempo que fué mi esclavo

bien pude hermanarle yo.

Come de este corazón;

pues el que se fué,

te dejó su condición.»

El conceptismo debe su nombre a los Conceptos espirituales (1600-1612) de Alonso de Ledesma. Su juego formal se basa en la condensación expresiva y para ello se sirve de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas, todo lo que exija una agudeza conceptual y cuenta entre sus principales representantes a Francisco de Quevedo.

FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS

  (1580-1645)

Escritor español, cultivó tanto la prosa como la poesía y es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Nació en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibáñez. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1613 viajó a Italia llamado por el duque de Osuna, el cual le encomendó importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse. Esta etapa azarosa y desgraciada marcó todavía más su carácter agriado y lo llevó a una crisis religiosa y espiritual, pero desarrolló una gran actividad literaria.

           
La obra de Quevedo es abundante y contradictoria. Hombre amargado, severo, culto, cortesano, escribió las páginas burlescas y satíricas más brillantes y populares de la literatura española, pero también una obra lírica de gran intensidad y unos textos morales y políticos de gran profundidad intelectual. Esta fusión o doble visión del mundo es lo que le hace el gran representante del barroco español.

Sus primeras obras fueron satíricas y burlescas. La vida del Buscón llamado don Pablos. Los Sueños (1605-1622) son cinco piezas cortas conceptistas, producto de los desengaños que padeció durante ese periodo, en las que viene a decir que no hay nobleza ni verdad en el mundo sino que todo es horror y fealdad. Si la obra en prosa de Quevedo resulta variada y compleja, su poesía lo es aún más. Se conserva casi un millar de poemas pero, sabiendo que nunca se preocupó por editarlos y que los conservados proceden de personas próximas a él, es de suponer que escribió muchos más.  Sus primeros poemas -al igual que su prosa- fueron letrillas burlescas y satíricas como "Poderoso caballero /es don Dinero", pero este género siguió cultivándolo con gran brillantez durante toda su vida, y es el Quevedo más conocido y popular. Criticó con mordacidad atroz los vicios, locuras y debilidades de la humanidad y zahirió de una manera cruel a sus enemigos, como en el conocido soneto, paradigma conceptista, "Érase un hombre a una nariz pegado". En su poesía amorosa, de corte petrarquista, destacable por la hondura del sentimiento, Quevedo vio una posibilidad de explorar el amor como lo que da sentido a la vida y al mundo.


En Quevedo subyacen dos extremos, el moralista estoico y preocupado por la decadencia nacional y el satírico burlón vitalista que incluso recurre a la procacidad, al lenguaje jergal y grotesco. La coexistencia de estos dos extremos reafirma no sólo la riqueza literaria de Quevedo sino la de un periodo, el del barroco, que redescubre la posibilidad de los múltiples puntos de vista. Humor y escepticismo son, al fin y al cabo, dos formas complementarias del pesimismo y de la conciencia de la vanidad de las cosas del mundo, sometido a crisis periódicas y al demoledor paso del tiempo. Es ese humor, entendido como una clave del pensamiento moderno según Arnold Hauser, el que explica también la ridiculez trágica del caballero andante en Miguel de Cervantes Saavedra.

Los Sueños, de Francisco de Quevedo y Villegas, revelan una aguda visión crítica de la decadencia española. Una de sus piezas más sobresalientes es "El alguacil alguacilado" en la que un diablo que ha poseído a un alguacil describe el infierno.

FRAGMENTO DE "EL ALGUACIL ALGUACILADO"

De Francisco de Quevedo

Se ha de advertir que los diablos en los alguaciles estamos por fuerza y de mala gana. Por lo cual, si queréis acertarme, debéis llamarme a mí demonio enalguacilado y no a éste alguacil endemoniado; y avenísos mejor los hombres con nosotros que con ellos; si bien nuestra cárcel es peor, nuestro agarro perdurable. Verdugos y alguaciles malos parece que tenemos un mismo oficio; pues, bien mirado, nosotros procuramos condenar, y los alguaciles también; nosotros, que haya vicios y pecados en el mundo, y los alguaciles lo desean y procuran al parecer con más ahinco, porque ellos lo han menester para su sustento y nosotros para nuestra compañía. Y es mucho más de culpar este oficio en los alguaciles que en nosotros, pues ellos hacen mal a hombres como ellos y a los de su género, y nosotros no. Fuera desto, los demonios lo fuimos por querer ser como Dios, y los alguaciles son alguaciles por querer ser menos que todos. Persuádete que alguaciles y nosotros somos de una profesión; sino que ellos son diablos con varilla, como cohetes, y nosotros alguaciles sin vara, que hacemos áspera vida en el infierno. -Admiráronme las sutilezas del diablo; enojóse Calabrés, revolvió sus conjuros, quísole enmudecer, y no pudo, y al echarle agua bendita, comenzó a huir y a dar voces diciendo: «Clérigo, cata que no hace estos sentimientos el alguacil por la parte de bendita, sino por ser agua: no hay cosa que tanto aborrezca.»

SOR JUANA INES DE LA CRUZ

(1651-1695)

Autodidacta, humanista, gran poeta mexicana del virreinato de Nueva España, cuyo verdadero nombre era Juana Ramírez de Asbaje. Hija ilegítima, nació en San Miguel Nepantla, hoy estado de México. Aprendió a leer y escribir a los tres años; estudió en la biblioteca de su abuelo y a los ocho años escribió una loa eucarística. Muy joven viajó a la ciudad de México, donde estudió latín (en sólo 20 lecciones). En 1665 entró en la Corte al servicio de la virreina, doña Leonor Carreto, marquesa Mancera, y fue objeto de asombro y veneración por su inteligencia, memoria y discreción. Su época más fecunda comienza en 1680 con la concepción del Neptuno Alegórico, arco triunfal en honor de los marqueses de la Laguna y condes de Paredes, barroca y magnífica obra que le abrió las puertas de palacio y la convirtió en favorita de los virreyes, sus mecenas.

Durante el barroco los juegos lingüísticos y poéticos fueron moneda común entre los escritores, buscando siempre el movimiento y la línea curva. En el poema que sigue, sor Juana Inés de la Cruz invita a los lectores a leerlo en el orden que se considere más oportuno. De esta manera se conseguirá un romance de endecasílabos, de octosílabos o de hexasílabos.

LABERINTO ENDECASÍLABO

De sor Juana Inés de la Cruz.

Amante,-caro-,dulce esposo mío,

festivo y-pronto-tus felices años

alegre-canta-sólo mi cariño,

dichoso-porque-puede celebrarlos.

Ofrendas-finas-a tu obsequio sean

amantes-señas-de fino holocausto,

al pecho-rica-mi corazón, joya,

al cuello-dulces-cadenas mis brazos.

Te enlacen-firmes,-pues mi amor no ignora,

ufano-siempre,-que son a tu agrado

voluntad-y ojos-las mejores joyas,

aceptas-solas,-las de mis halagos.

No altivas-sirvan,-no, en demostraciones

de ilustres-fiestas,-de altos aparatos,

lucidas-danzas,-célebres festines,

costosas-galas-de regios saraos.

Las cortas-muestras de-el cariño acepta,

víctimas-puras de-el afecto casto

de mi amor,-puesto-que te ofrezco, esposa

dichosa,-la que,-dueño, te consagro.

Y suple,-porque-si mi obsequio humilde

para ti,-visto,-pareciere acaso,

pido que,-cuerdo,-no aprecies la ofrenda

escasa y-corta,-sino mi cuidado.

Ansioso-quiere-con mi propia vida

fino mi-amor-acrecentar tus años

felices,-y yo-quiero; pero es una,

unida,-sola,-la que anima a entrambos.

Eterno-vive:-vive, y yo en ti viva

eterna,-para que-identificados,

parados-calmen-el amor y el tiempo

suspensos-de que-nos miren milagros.

 NEOCLASICISMO

El hombre transforma, destruye, crea y recrea, lo que desea. El hombre ha deseado permanecer para la eternidad, sin embargo, esta consciente de su mortalidad, es por ello que desea dejar rastro en la historia, desea plasmar sus pensamientos, ideales y pasiones, en la materia, para que estas subsistan para la eternidad. El arte ha sido el medio por el cual el hombre ha encontrado su mayor expresión, es donde emana, fluye y se desbordan las mayores expresiones del hombre. El arte se puede comparar al corazón, el cual bombea y distribuye la sangre, al sistema arterial, esas venas que lo componen son las diversas y múltiples corrientes que el arte ha tenido a través de su historia. La energía que hace que ese corazón siga latiendo, es que el ser humano no ha dejado de pensar, imaginar y crear. Debido a lo extensas que pueden ser esas "venas", es necesario situarnos en una de estas, en este caso será el neoclasicismo.El neoclásico o neoclasicismo, será una corriente que deja ver, la seducción del hombre por el pasado, retornar a lo que ya no existe y volverlo a revivir, un eterno retorno, se convierte el pensamiento del hombre, el neoclasicismo dejara ver esto de manera muy clara.Pero antes de adentrarnos de lleno a estudiar esta corriente es necesario ver el contexto en el que se desarrolla el neoclásico y sus precedentes de este, así como delimitar la forma que pretendemos estudiar esta corriente, debido a las múltiples formas en que se expresa el neoclásico, en este caso será la arquitectura.

 

Contexto del Neoclasicismo

El siglo XVIII donde da su aparición el neoclasicismo, es un etapa de grandes transformaciones y revoluciones, el siglo precedente a este y el XVIII son los siglos denominados como la "edad de la razón", pero es en este último siglo donde la razón debía jugar un papel mucho más crítico, es decir, "no se debía creer, sino que había que estar seguro"; así pues, el pensamiento que se desarrollaría en este siglo, tendría grandes repercusiones en el aspecto social e histórico del ser humano, imperarían ideas como: el amor al ser humano, respeto al hombre, confianza en el hombre y la solidaridad de los hombres entre sí.Es en este siglo donde se desarrolla la corriente cultural llamada Ilustración, la cual se caracteriza por la revisión a la luz de la razón,   de la experiencia, de la concepción del mundo y del hombre, en todos los terrenos. El movimiento parte de las transformaciones ideológicas del Renacimiento y se ve potenciado y vivificado por las revoluciones políticas y económicas que se producen primero en Inglaterra respectivamente, para luego pasar a Francia, donde adquiere su forma, para de allí saltar al resto del mundo; en donde la tendencia más radical dentro del movimiento ilustrado lo constituye el enciclopedismo.

El enciclopedismo, la renovación de las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, son características de esta época. Por primera vez, un preso es considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario. Locke, Voltaire, Montesquieu y Rousseau revolucionan la teoría política. Se clama por la muerte del absolutismo y la separación de poderes. Se insinúa la necesidad de proclamar los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y los movimientos urbanos, sostenidos frecuentemente por una inmensa masa obrera femenina, tratan de establecer los Derechos de la Mujer. También se lucha por el derecho de los pueblos a ostentar su soberanía: oleadas revolucionarias determinan la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica y la serie de emancipaciones de los estados.

Félix María Serafín Sánchez de Samaniego

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La influencia de su educación francesa se advierte en la única obra por la que lo conocemos: las Fábulas morales, 157 fábulas distribuidas en 9 libros. Samaniego ridiculiza los defectos humanos en sus fábulas, imitando a los grandes fabulistas Fedro, Esopo y La Fontaine. Aunque las fábulas de Samaniego están escritas en verso, su carácter es prosaico, dados los asuntos que trata y su finalidad es didáctica. Siguiendo el ejemplo de Fedro, Samaniego elimina de sus fábulas el tono ingenuo y entrañable de que dotara Esopo a las suyas y las llena de críticas veladas pero implacables contra personajes relevantes, hábitos sociales y actitudes políticas de dudosa integridad. Entre sus principales fábulas tenemos: La paloma, Congreso de ratones, La cigarra y la hormiga y El perro y el cocodrilo.

Tomás de Iriarte

Imagen:Tomas de Iriarte Joaquin Inza.jpg

Estudió bajo su dirección las lenguas griega y francesa y siendo ya conocedor del latín y estudioso de la literatura castellana sucedió a su tío en su puesto de oficial traductor de la primera Secretaría de Estado, tras la muerte de éste, en el año 1771. A partir de ese año hasta el 1774 fueron, para Iriarte, los más fatigosos de su vida, pues además de las tareas de su empleo, el arreglo de la biblioteca y papeles de su tío, la traducción o composición de los numerosos dramas que escribió, la traducción de aquellos apéndices y otras obritas (la mayor parte poéticas) que escribía por gusto propio, como fue un poemita latino y castellano que imprimió con ocasión del nacimiento del infante don Carlos III, en 1777, cuidó de las tres ediciones de la Gramática de su tío, que reconoció muy atentamente y de la recopilación y publicación de los dos tomos de obras sueltas de aquel literato, traduciendo muchos de los epigramas que allí se insertan, alguno de los poemas latinos, y otros varios ensayos.

Su carrera literaria se inició como traductor de teatro francés. Tradujo además, el Arte poética, de Horacio.

Tomás de Iriarte fue el primer dramaturgo que consiguió dar con una fórmula que uniese las exigencias de los tratadistas del Neoclasicismo literario con los gustos del público. En 1770 había publicado su comedia Hacer que hacemos, comedia de carácter que retrata a un «fachenda», el perfecto atareado que nunca hace nada en realidad. La librería, escrita en 1780, no se estrenó hasta 1798: se trata de una comedia en un acto, con algo de sainete costumbrista pero con la peculiaridad de estar escrita en prosa, forma que no volverá a repetir su autor en las obras siguientes, que siguen el sistema de versificación típico de las comedias mentiroso: romance octosílabo con una rima en cada acto. En 1788 Iriarte estrenó El señorito mimado. Iriarte repitió la fórmula y el éxito con La señorita malcriada, escrita y publicada en 1788 y estrenada en 1791. Con Guzmán el Bueno (1791) introduce la forma del melólogo o escena dramática unipersonal con acompañamiento de orquesta, subgénero teatral creado por Jean Jacques Rousseau.

Estudió bajo su dirección las lenguas griega y francesa y siendo ya conocedor del latín y estudioso de la literatura castellana sucedió a su tío en su puesto de oficial traductor de la primera Secretaría de Estado, tras la muerte de éste, en el año 1771. A partir de ese año hasta el 1774 fueron, para Iriarte, los más fatigosos de su vida, pues además de las tareas de su empleo, el arreglo de la biblioteca y papeles de su tío, la traducción o composición de los numerosos dramas que escribió, la traducción de aquellos apéndices y otras obritas (la mayor parte poéticas) que escribía por gusto propio, como fue un poemita latino y castellano que imprimió con ocasión del nacimiento del infante don Carlos III, en 1777, cuidó de las tres ediciones de la Gramática de su tío, que reconoció muy atentamente y de la recopilación y publicación de los dos tomos de obras sueltas de aquel literato, traduciendo muchos de los epigramas que allí se insertan, alguno de los poemas latinos, y otros varios ensayos.

Su carrera literaria se inició como traductor de teatro francés. Tradujo además, el Arte poética, de Horacio.

Tomás de Iriarte fue el primer dramaturgo que consiguió dar con una fórmula que uniese las exigencias de los tratadistas del Neoclasicismo literario con los gustos del público. En 1770 había publicado su comedia Hacer que hacemos, comedia de carácter que retrata a un «fachenda», el perfecto atareado que nunca hace nada en realidad. La librería, escrita en 1780, no se estrenó hasta 1798: se trata de una comedia en un acto, con algo de sainete costumbrista pero con la peculiaridad de estar escrita en prosa, forma que no volverá a repetir su autor en las obras siguientes, que siguen el sistema de versificación típico de las comedias mentiroso: romance octosílabo con una rima en cada acto. En 1788 Iriarte estrenó El señorito mimado. Iriarte repitió la fórmula y el éxito con La señorita malcriada, escrita y publicada en 1788 y estrenada en 1791. Con Guzmán el Bueno (1791) introduce la forma del melólogo o escena dramática unipersonal con acompañamiento de orquesta, subgénero teatral creado por Jean Jacques Rousseau.

Cronista

 Cronista es el escritor que compilaba y redactaba hechos históricos o de actualidad. Hasta la ilustración era un equivalente de historiador, y ocupaba un cargo oficial para desempeñar estas funciones.

Antes de la aparición del periodismo moderno y la sistematización de la crónica como un género periodístico, se tenía por cronista al escritor que narraba acontecimientos de interés histórico; el término era casi equivalente a historiador. A diferencia de los escritores anónimos o conocidos de cantos épicos, los historiadores y cronistas se distinguieron por la voluntad de veracidad en sus relatos desde la Antigüedad. En la Edad Moderna, se entendía que el cronista documentaba hechos y costumbres, por lo que en la práctica se lo diferenciaba de los autores de historias generales.

PADRE JUAN DE LA MARINA

Junto con Baltasar Gracián, constituye un ejemplo representativo de los escritores de la Compañía de Jesús. Hijo natural del deán de la colegiata de Talavera, Juan Martín, y de una tal Bernardina Rodríguez, fue bautizado por ello en La Puebla Nueva el 2 de abril de 1536; a lo largo de su vida hubo de soportar muchas afrentas a causa de su humilde extracción. Estudió Artes y Telología en Alcalá de Henares, en una atmósfera saturada de humanismo. Allí tuvo como maestro de noviciado a san Francisco de Borja. Profesó en la Compañía de Jesús en 1554, en Simancas. Acabó su formación sacerdotal en el colegio jesuita de Roma, donde a partir de 1561 fue uno de sus mejores profesores, contando entre sus alumnos al futuro cardenal Belarmino, que sería protector de Francisco Suárez. Luego fue enviado como profesor a Palermo en Sicilia y después a París, donde recibió el grado de doctor y permaneció cinco años enseñando Teología sobre todo en la Saint Barthélemy; después estuvo un tiempo en Flandes. Tras caer enfermo a consecuencia de sus intensas actividades como enseñante, regresó a Toledo en 1574, en cuyo semirretiro se consagró a la redacción de sus libros. En 1578 recibió el encargo de informar sobre la presunta heterodoxia de la ‘’Biblia políglota cuya edición dirigía en Amberes Benito Arias Montano, en particular en la versión siríaca del Nuevo Testamento; su informe, que le llevó dos años de estudio, fue favorable. Esto le valió tal reputación que desde entonces se le encomendaron otros trabajos parecidos e igual de delicados, como la supervisión del ‘’Manual para la administración de los sacramentos’’, la reelaboración de las ‘’Actas’’ de los concilios diocesanos de Toledo’ de 1582 y la redacción del ‘’Índice expurgatorio’’ de 1584. Mientras realizaba estos encargos y una edición de las ‘’Obras’’ del ilustre polígrafo visigodo San Isidoro, se puso a redactar una monumental historia de España en treinta libros, que comenzó a aparecer en Toledo en 1592 con el título de ‘’Historiae de rebus Hispaniae Libri XXX’’, cuya edición ampliada se editó en Maguncia en 1605. Entre tanto se imprimió en Toledo su propia traducción al castellano con el título ‘’Historia general de España’’ (1601). La obra abarca hasta la muerte de Fernando el Católico:

‘’No me atreví a pasar más adelante y relatar las cosas más modernas, por no lastimar a algunos si decía la verdad, ni faltar al deber si la disimulaba’’

La muerte le sorprendió cuando trabajaba en unos ‘’Escolios al antiguo y Nuevo Testamento’’, obra de exégesis bíblica que se fundaba en el texto de la ‘’Vulgata’’. Actualmente da nombre a la plaza en la que se ubica el edificio del Ayuntamiento de Talavera de la Reina y a un Paseo en la misma ciudad, así como a la plaza en la que está la iglesia de los jesuitas, en la ciudad de Toledo, entre otras.

Baltasar Gracián

Imagen:Imagen Gracián photoshop.jpg

Su producción se adscribe a la corriente literaria del conceptismo. Forjó un estilo construido a partir de sentencias breves muy personal, denso, concentrado y polisémico, en el que domina el juego de palabras y las asociaciones ingeniosas entre estas y las ideas. El resultado es un lenguaje lacónico, lleno de aforismos y capaz de expresar una gran riqueza de significados.

El pensamiento de Gracián es pesimista, como corresponde al periodo barroco. El mundo es un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. El hombre es un ser débil, interesado y malicioso. Buena parte de sus obras se ocupan de dotar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse entre las trampas de la vida. Para ello debe saber hacerse valer, ser prudente y aprovecharse de la sabiduría basada en la experiencia. Incluso disimular y comportarse según la ocasión.

Todo ello le ha valido a Gracián ser considerado un precursor del existencialismo y de la postmodernidad. Influyó en librepensadores franceses como La Rochefoucauld y más tarde en la filosofía de Schopenhauer.

31/03/2008 20:40.


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